Se llega por el lado cerrado
La fachada de acceso casi no tiene ventanas: un muro blanco largo, con la madera marcando dónde están las puertas. No es un capricho estético. Es la cara que da a la calle y al sol duro de la tarde, y lo que no se abre ahí no hay que protegerlo después.
Las ventanas altas que se ven sobre el muro iluminan los pasillos interiores sin que nadie pueda mirar hacia adentro.